Singapur – Día 2: Turista es turista, así no lleve mapa ni cámara

Un día de anécdotas. Empezó a las 2am, que es lo que tiene el primer día del jet-lag, se interrumpió de 3 a 6 que logré volver a dormir y luego siguió hasta la noche. Antes de dormir desconecté un enchufe que “sobraba” en la habitación para cargar la computadora y el teléfono. Al día siguiente ya estaban cargados… y la nevera caliente.

El desayuno en el hotel es de lo más americano. Par de huevos fritos, pan tostado con mantequilla y mermelada y salchicha. Nada nuevo. Excepto el aderezo. Aquí nada de aceite, vinagre y sal. Lo que se lleva es ketchup, chili y soya.

Para llegar a la oficina desde el hotel debo tomar un bus hasta el metro y de allí directo a la oficina. En la parada del hotel pasan cinco líneas y mi tutor me había enseñado que todas llevan al metro. Detalle. Todas menos una… la que tomé yo. Al ver que cruzó en la esquina que no era me bajé y tuve que retroceder un pedazo hasta otra parada y agarrar cualquiera de los otro cuatro autobuses, que sí llevan al metro. Luego el profe me dijo: “Ah, es verdad el 183 no va al metro, olvidé mencionarlo”.

El transporte público funciona con una tarjeta magnética recargable y como cosa curiosa debe pasarse al subir y bajar, o entrar y salir, del autobús o metro. La razón es que se paga por distancia recorrida y si la tarjeta pilla dos entradas seguidas (sin salida) te sale multa. Aquí todo se resuelve con multas. Por ejemplo, fumar en el metro te cuesta 1000$, comer o beber 500$ y llevar líquidos inflamables 5000$. El último símbolo de prohibición que se muestra es para las Durians, una fruta que aún no he probado y es típica de aquí.

Como buen país ex Reino Unido se circula por la izquierda, lo que incluye las escaleras automáticas y cambia el sentido natural del canal rápido. En una escalera me pongo a la derecha como buen ciudadano de Barcelona y diez segundos después me tocó el hombro una china: “Excuse me”. La derecha es el canal rápido.

 

Otra cosa curiosa es que no dan cuchillos para comer. Las opciones son tenedor y cuchara o palitos chinos y cuchara rara. Como es el primer día me decante por la primera, pero me he propuesto salir hecho un experto con los palitos. Tampoco dan bebidas ni servilletas. Pega con mi costumbre de no tomar nada hasta al final pero es que aquí no te la venden en ningún puesto de comida. Hay unos sitios especiales en la feria más western, como dicen aquí, que se dedican a venderlas.

Las últimas anécdotas ocurrieron en la oficina. Para empezar, la ciudad entera es como Maracaibo, TODOS los aires acondicionados están al máximo, incluyendo metro, autobús, centros comerciales, habitación del hotel y oficinas. Todos. Muy fríos. La temperatura de la ciudad es bastante caraqueña.

El ascensor de la torre es por partes como en todo edificio grande (aunque este solo tiene 21 pisos), uno para los primeros diez y el otro para los últimos. Es curiosa la forma de llegar arriba entonces, pues hay que hacer escala. Sé que esto no es nada novedoso ni súper asiático pero bueno, soy montuno y me llamó la atención, qué quieres que te diga. Lo que si está medio mal en diseño son los indicadores de las puertas del ascensor. Tiene flechas que dicen de dónde viene (si arriba o abajo) y flechas que dicen a dónde va (si ahora bajará o subirá). La cosa es que las últimas casi no se ven. Entonces puede que el ascensor que necesitas para bajar, venga de un piso inferior y veas las luces hacia arriba pues venía subiendo, pero no te des cuenta de la luz hacia abajo (que es la que te interesa) y no te montes. Le pasó al amigo de un amigo. ¡Ah! y los botones están dispuestos de forma rara también. Van de izquierda a derecha pero de abajo hacia arriba. El primer día me costó encontrar el 8. Y es que el humano es un animal de costumbres, definitivamente.

El resto del día transcurrió con normalidad. El baño de la oficina tiene un espacio con poceta y otro con letrina, que es cuando el hueco está en el piso directamente y hay que adoptar posición de receptor o catcher. La letrina es la forma normal de ir al baño de los asiáticos. Ya me la habían presentado en China. Me llama la atención que la posición que hay que asumir para usarla sea precisamente la número 2 en béisbol 😉 Obviamente la alarma de mi teléfono sonó mientras yo no estaba en mi puesto, con la vergüenza correspondiente de que tuvieron que buscarlo en mi bolso para apagarlo y para terminar, en el bus de vuelta me bajé en la parada equivocada.

Como ves, fue un día interesante. Mañana me toca buscar piso. A ver qué tal me va.

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