Singapur – Día 35: Centro comercial Jurong Point

Esta semana la cerré tranquilo, me quedé en el apartamento lavando ropa, hablando con mi familia y caminando por el centro comercial Jurong Point, que está cerca de donde vivo.

El decorado navideño ha comenzado. Me cuenta mi tutor que si es por cantidad de luces y decorado, Singapur es mucho más navideña que Barcelona (eso es fácil), Venezuela (cuesta un poco más aunque no tanto en los últimos años) y Nueva York (aquí capaz se le fue la mano). Aún debo certificarlo pero lo que sí es cierto es que ya han empezado a aparecer arbolitos y luces en varios lugares. Les debo las fotos porque este centro comercial en particular no me impresionó. Algunos muñecos grandes y un par de luces aquí y allá.

Para almorzar fui a una cadena que se llama Thai Express. Primer restaurante serio que visito desde que estoy en Singapur. Hasta ahora todo habían sido ferias de comida y franquicias gringas de vez en cuando al principio. Pedí el Masaman Curry Chicken que estaba muy bueno. Y hasta me servían agua fría, cual restaurante venezolano (en Barcelona eso se ve poco). Lo recomiendo totalmente.

En el restaurante hubo varias cosas que me llamaron la atención. La más irrelevante quizás fue que la señal “universal” de la cuenta sigue siendo firmarse la mano. Y no la tuve que hacer yo, la misma mesonera desde lejos me la hizo cuando había terminado. Hace unos años, un compañero de Monteavila me explicó que en todo el mundo eso no se entiende. En mi experiencia personal aún no he encontrado el contra ejemplo.

Lo otro fueron dos parejas que se sentaron en mesas contiguas a la mía. En ambas el rol “del hombre” de pedir por ambos, recibir la cuenta y pagar lo realizó la mujer. Simplemente me llamó la atención. Eso no lo veo todos los días.

Por último, una de las parejas me alertó del mal que le hacen los celulares, Whatsapp y BlackBerry a la gente. Me temo que incluso yo he caído en esa situación algunas veces. Aunque desde hace tiempo siempre soy consciente de me desagrada y trato en lo posible de evitarlo. Y también me fastidia BASTANTE cuando los demás lo hacen, sobretodo cuando ni siquiera hay un esfuerzo por hacerte partícipe de la actividad. Solo me queda decir que esa fue toda su interacción durante su almuerzo. Una imagen vale más que mil palabras.

Antes de volver al apartamento a recoger la ropa recién lavada hice una parada técnica en el supermercado para llevarme la última sorpresa del día. LA COLA para comprar lotería. No me había dado cuenta antes pero es gigante. Me recordó a las colas que se hacían en De Candido cuando se pagaba con cheque y había que esperar a que lo conformaran. O básicamente cualquier cola de IKEA para pagar. Capaz exagero pero considerando que era gente comprando lotería, no era una cola despreciable. Me recordó que al llegar a Barcelona debo comprarle el décimo a mi papá. Quién lo aguanta otro año si vuelve a caer un premio gordo en Barcelona, cerca del Consulado de Venezuela.

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