Terminando las tareas que se comió mi perro.

Teresa de la Parra

A todos nos pasó. Bien sea por pereza, por preferir salir a jugar, por olvido o por capricho, el hecho es que todos alguna vez dejamos de hacer alguna tarea en el colegio.

Quizás “todos” es una generalización muy fuerte y solo lo esté haciendo para no sentirme tan culpable de las que dejé de hacer.

Las que más me costaban eran las relacionadas con leer una novela. En mi caso, la pereza de leerme todo el libro se unía con la facilidad de leerme algún resumen y sacar toda la exposición de allí. Lo curioso de todo esto es que, generalmente, me gusta leer.

Hace unos días terminé de leer Memorias de Mamá Blanca. Una novela venezolana escrita por Teresa de la Parra que narra la cotidianidad de una familia hacendada venezolana desde los ojos de una de las niñas de la casa, Blanca Nieves.

Era una tarea pendiente que tenía desde 7º grado, cuando me mandaron a leerla. La edición que utilicé fue la misma que uso mi mamá cuando ella cursó 7º grado (o primer año, como se llamaba entonces), lo que le dió un toque más personal. Además, la hacienda a la que hacen referencia quedaba en Piedra Azul, una zona por la que pasé un montón de veces mientras estudiaba en la universidad.

Recomiendo la novela a todo el que tenga la oportunidad, es corta y muy amena. Me sentí muy identificado con el último capítulo, en el que la niña, luego de vivir unos años en la ciudad, vuelve a la hacienda en la que vivió todas sus aventuras. Su encuentro con un lugar cambiado la marcó completamente, pues la mayor parte de las cosas que recordaba no estaban allí. El lugar ya no era el mismo.

A mi me pasó algo similar el año pasado en Navidad, cuando pasamos una tarde en Lagunillas, ciudad donde viví desde los 14 hasta los 18 años (y antes cuando tenía 6 años). La imagen fue triste, de urbanizaciones desoladas, donde los militares han invadido un espacio que antes era totalmente civil y donde la soledad podía percibirse en el frente de muchas casas. Como le pasó a Blanca Nieves, mis recuerdos no se sintieron correspondidos. Sin embargo, confío en que la memoria será mucho más fuerte y nada borrará los cuatro años de bicicleta, Nintendo, piscina, club, colegio y amigos.

Mi próxima tarea pendiente será Cien Años de Soledad, del colombiano Gabriel García Márquez. Olvidada desde 1º año de ciencias (¿o quizás segundo?).

¿Recuerdas alguna tarea que no hayas entregado? ¿Qué excusa inventaste (si lo hiciste)? ¿Te animarías a completarla?

2 thoughts on “Terminando las tareas que se comió mi perro.

  1. Me gusta leer artículos que comentas y explicas cosas de tu infancia, ya que sin querer la comparo a la mía. Muchos kilómetros de distancia no han hecho que muchas cosas fueran diferentes, quizás el nombre del libro si pero el significado es el mismo. Yo por ahora, no me acuerdo de ninguna tarea que no hubiera hecho, quizás no he sido ni soy un buen estudiante, pero tenía y tengo como objetivo el salir adelante como sea y eso ha tenido siempre un peso muy importante en mi saber hacer. Eso creo! Muchas veces ese pensamiento de: para hacerlo mal, mejor no entregarlo. Quizás si que era mejor no hacerlo, pero siempre he acabado entregando las cosas ya que he preferido cumplir con la tarea o el deber que se me había mandado. Quizás ahora de mayor ya es más compleja la cosa, múltiples tareas durante los mismos tiempos dificultan el poder seguir por este camino, pero de pequeño lo pude cumplir bastante bien y no se me ocurre ningún caso de no hacer la tarea. Hay que trabajar duro!! Siempre!!!

  2. Después de mi experiencia en 5to grado con “La isla misteriosa” de Julio Verne (novela que me encantó), creo que le agarré rebeldía a leer las novelas por obligación… y quizá a leer cualquier cosa por obligación (sé que es algo que debo cambiar).

    Quizá sea algo tonto, pero recordemos que estaba en 5to grado. Recuerdo que la mañana del examen estaba contento porque por primera vez había leído una novela completa y me había gustado. También recordaba muchas cosas, como los nombres de los personajes, tiempos verbales, la trama en general, etc., y además admiraba mucho al personaje científico de cuyo nombre ahora no me acuerdo.

    Cuando llegó la hora del examen, el profesor decidió hacer una evaluación oral en la que preguntaría algo a cada estudiante por orden según su ubicación en el salón. Si el estudiante sabía la respuestatendría la máxima nota, y si no la sabía tendría cero y la misma pregunta se la haría al siguiente estudiante. Cuando llegó mi turno me sentí confiado pues sabía la respuesta de todas las preguntas anteriores, pero para males la pregunta que me tocó “¿qué comieron los náufragos la primera noche?” no me la sabía, así que cero. Esa pregunta quedó sin contestar por 2 filas y media (quiza 12 o 13 de mis compañeros), y del resto de las preguntas sí me sabía la respuesta. Me pareció tan injusto que creo es la causa de no haberme querido leer ninguna novela que me manden, solo porque es una asignación.

    Todo esto era el contexto para decirte Lago que para mí en bachillerato todas las tareas sobre novelas fueron tareas “que se comió mi perro”. Ya no recuerdo las excusas, o como me salía con la mía; en los exámenes probablemente me copiaba (porque ni los resúmenes me leí). No quiero decir que haya hecho bien, ni es una recomendación para los chamines que lean esto; sino lo traigo a colación porque ahora que leí tu post, por primera vez tomo en serio la idea de leer “Memorias de Mama Blanca.” Ya veré cómo le hago para hacerme de una copia, pues me has hecho pensar que quizá esa mala experiencia me ha hecho autoinhibirme de buenas novelas.

    Seguiré pendiente de tus posts!

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